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Decian Que A La Boca No Ibamos A Entrar


sos un cagon le tienen miedo a lso borrachos del tablonnnnnnny dale alegria alegria a mi corazonla historia de lso bosteors se repitodecian q a la boca no ibamos a entrarle hicimos la caravana y entramos igual




decian que a la boca no ibamos a entrar


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Dale alegria alegria a mi corazonLa historia de los villeros se terminooDijeron que a la villa no ibamos a entrarLe fuimos en carabana y le entramo igualY ya lo viooo el manya pide custodia porque es cagooonY ya lo vioo no somos como los putos de peñarol


Diego:- Primero, en representación de la Asociación de Veteranos de Guerra de General Pico le queremos decir muchas gracias a la Universidad. Para nosotros es un orgullo llegar a la Universidad. En Pico tuvimos el honor de hablar delante de un montón de gente que nos escucha. El trabajo nuestro, generalmente, está dirigido hacia los chicos, hacia los colegios y, sobre todo, la gama que va desde los 16, 18 y 19 años que era la edad que nos tocó estar en Malvinas. Es para que entiendan ellos que es lo que tienen entre las manos: la libertad, la libertad de expresarse, etc. Cosa que en aquella época no podíamos. El trabajo de la Asociación se basa generalmente en llegar a los colegios, no para hablar de nosotros, sino para hablar de lo que es la guerra y lo que signifca la paz. Y la idea es, no hacer historia, porque nosotros no somos historiadores, sino contar un poquito lo que nos pasó y quizá, siempre nos quedan algunos detalles porque depende del tiempo que tenga el Auditorio, y también depende el tiempo que le demos nosotros. Inclusive, al escondernos mucho tiempo, porque nos costó mucho tiempo hablar, y ahí nos acordamos cosas veintiún años después, que es como que lo quisimos borrar. Es solo contar lo que nos pasó a nosotros y no hacer historia, ni contar porqué Malvinas. Para eso está el profesor. Vamos a decir nuestros nombres, de que armas somos y en que nos tocó participar. Mi nombre es Diego Morano, yo estuve en Ejército. Va a empezar Jorge que es el Presidente de la Asociación. Jorge:- Ya creo que Diego dijo todo con respecto a la Universidad, así que puedo empezar con la historia que me tocó. Yo quiero decirles que esto es una historia de vida. Porque más allá de Malvinas y todo lo que vino después, no ha sido fácil. A todos nos ha tocado pelear con algo extra, no nos fue fácil. Yo en 1981 me sortearon, no sé si ustedes recordarán, con los tres últimos números del DNI. Recuerdo que escuché por radio y me tocó el 902. Yo estaba feliz, iba a navegar. Porque tenía un hermano incorporado en la Marina y, en ese momento, 1981, él hacía dos años que estaba en Inglaterra estudiando. Era marino y estudiaba en Inglaterra, y me contaba maravillas de lo que era el mar y de lo que eran un montón de lugares de nuestra Argentina que no conocemos. Yo estaba feliz. Mis padres, por supuesto, no. Es difícil que un hijo que estuvo toda su vida al lado de ellos le agarrara la locura de irse a Bahía Blanca. Después de estar sesenta días corriendo y engordando, me tocó ser bañero en una playa. Así que andaba tostadito todo el día, estaba muy bien. Viajaba normalmente a mi ciudad a ver a mis padres. En diciembre vuelve mi hermano de Inglaterra. Vuelve en una fragata que le compramos a los ingleses que se llamaba Santísima Trinidad. O sea, le pusieron acá Santísima Trinidad. Me contó maravillas de Inglaterra, de las fuerzas armadas, de los barcos. A mí me entraban por acá, decía "que lindo". En un tiempo antes del 2 de abril me mandan a hacer un curso de natación y de los cinco que fuimos era el único que sabía nadar. De los otros cuatro ninguno sabía nadar. Y los tipos me dicen "hacelo rápido al curso, sino vas a seguir viniendo acá". Bueno, yo en un día lo hice al curso que eran un montón de pavadas. El 2 de abril cuando se toma, se recupera, Malvinas, yo no vi ningún movimiento en la base. Realmente no vi nada. Recuerdo que veo televisión y la euforia del pueblo argentino era tremenda. Parecía que habíamos ganado un mundial. Yo digo "que bárbaro, en esta me sumo, tengo que estar del lado de los que estamos ganando, de los que estamos recuperando, tengo que ser partícipe de esto". Lo que no sabía (es) cómo, si yo era un bañero, no sabía usar un arma. Pasaron unos días y el 12 de marzo me avisaron que tengo que subir al Crucero General Belgrano. Mi hermano trató por todos los medios de bajarme, la cosa es que no lo pudo conseguir. Aparte de mi negativa a decir que no. "Dejame navegar, dejame navegar". El martes 13 yo me embarque. No te cases ni te embarques. El martes 13 de abril. Ahí empezó un poco lo que fue andar y empezar a compartir las cosas con un montón de gente que no conocés. Hacerle a ese montón de gente que no conocés, aceptarla como son. Muchas veces en la actualidad nos cuesta aceptar a mucha gente. Pero bueno. Pero éramos mil noventa y tres, nos teníamos que aceptar porque sino te tiraban al agua. No te quedaba otra. Fueron unos cuantos días de navegación, tranquilos, no sabíamos nada. En realidad, como colimbas, no nos correspondía saber un montón de cosas, seguramente. Lo que íbamos sabiendo era por chusmerío. Y el primero de mayo yo estaba chocho, estaba feliz. Yo les juro que estaba feliz arriba del barco ese. Era mi casa, tenía un montón de amigos. Estaba feliz realmente. Y el primero de Mayo un subofcial nos dice: "bueno muchachos, vamos a intentar detener un posible desembarco inglés". El Crucero Belgrano medía 200 metros. Nosotros decíamos: "que bárbaro, vamos a entrar en guerra". "Sí. Vamos a intentar detener un posible desembarco inglés (decía el subofcial). No se con qué le vamos a tirar, con algo le vamos a tirar. Aunque sea con papas le vamos a tirar a los muchachos estos". Como ellos lo tomaban en joda, nosotros creímos que no iba a pasar nada. Y el segundo de mayo, por consiguiente, nos levantamos temprano. Hicimos guardia hasta el mediodía, en que nos mandan a dormir porque entramos dentro de la zona de exclusión. Entramos custodiados por dos barcos que tenían sonares, que ellos podían detectar los submarinos. Nosotros no. Así que entramos bastante cubiertos, no parecía imposible que pudiera entrarnos un submarino. Aparte que no veíamos nada. Y el avión más cerca que pasó era un avión argentino en una maniobra que no estaba nadie enterado y nos hizo pegar un susto bárbaro. Estábamos todos bien cubiertos, así que dijimos "todo el mundo a dormir". Quedaba la guardia. Cuatro o cinco de la tarde me despierta un compañero de Bahía Blanca y me dice "vamos a tomar mate, pampa". "No, no" dije, "me quedo porque comí mucho". Había comido mucha mortadela y pan, estaba re- gordo. Me quedé dormido y a las cuatro y un minutos sentimos una gran explosión. Me siento en la cama y veo pasar una bola bastante importante de fuego, sentía mucho calor, y empiezo a gritar a un compañero que me prenda la luz. Como en la colimba una de las primeras cosas que aprendés es a robar, mi hermano me dio un llavero que tenía una clave y me dijo: "con esta llave no te van a poder abrir nunca la taquilla y no te van a poder robar nunca". Pero en la oscuridad no pude sacar nada de la taquilla. Así que agarre la frazada y salí hacia cubierta. En el transcurso que íbamos a cubierta fuimos atacados de vuelta por el submarino y nos pega otro torpedo a la mitad del Crucero Belgrano. Ahí ya quedó torcido, mucho silencio, no se sentían ni gritos.Yo iba con mi frazada arriba y me encuentro con un suboficial Pérez, que casi siempre nos vemos, es de Buenos Aires, le entrego la frazada porque el estaba en cuero y en calzoncillos. Así que le doy mi frazada y me quedo en camiseta, calzoncillos y medias, y miraba a mis compañeros y estaban casi todos iguales, casi todos desnudos. Lo que no sabíamos lo que nos iba a tocar después con las temperaturas que teníamos que soportar. Cuando nos dan la orden de abandonar el Crucero porque no había nada que hacer, había que largarse. Nos habían enseñado que teníamos que saltar sentaditos en la balsa. La balsa es media nuez. Y fui el primero que me lanzo en la balsa, había más o menos veinte por balsa. Había algunas que no se inflaron, otras que se rompieron. Así que venía bastante despareja el reparto de gente. El primero que se lanza a mi balsa soy yo. Me lanzo sentadito como decía el libro y me siento adentro. El segundo salta y me pega una patada acá. Entonces me acosté porque se largaban parados. Media nuez con dos aberturas, y embocaban al agujero con posibilidad de romperla. Gracias a Dios no se rompió. Veníamos dieciocho. En otras venían cuarenta, en otras cinco, seis. Lo primero que atinamos fue alejarnos del Crucero Belgrano. El viento nos traía al crucero que se hundía. Tratamos de alejarnos. Teníamos unos remitos cortitos que cuando quisimos remar hicieron crack y se rompieron. Entonces le dábamos con las manos. Ahí todos veníamos descompuestos. Vómitos. Entonces el guardiamarina dice: "muchachos prepárense porque si esto llega a ser succión hay que nadar". Vos decías "adonde vamos a nadar?". Cinco minutos durábamos en el agua. Menos. Si éramos jóvenes y bien comidos, diez minutos. Máximo. Después íbamos a quedar. Cuando se termina de hundir el Crucero Belgrano... Ustedes saben que hay cosas, creo que fue la mano de Dios. Nos enseñaron que había que tirarse por la parte más baja, para tratar de caer en las balsas y alejarse lo más rápido posible. Hubo gente que se tiró desde la parte mas alta a las balsas que habían tirado del otro lado. Cuando se estaba hundiendo el Crucero Belgrano, que había Burbujas, iban pasando con las balsitas arriba. Yo los miraba y decía "se los lleva". Yo calculaba que se los llevaba. Pasaban las balsitas por arriba pero como nada. Gracias a Dios no se llevó a nadie más ahí. Y ahí empieza otro calvario. En el sur oscurece muy rápido. Cinco y treinta de la tarde: oscuro. Nos dormimos. Seguramente por los nervios, por el susto. Nos dormimos casi todos los dieciocho que veníamos en la balsa. El guardiamarina venía por allá porque era guardiamarina, el subofcial allá porque era subofcial, y los colimbas todos amontonaditos en el medio. Porque no se puede juntar la gente de grado con los colimbas. La primer ola que nos agarró nos dobló al medio, nos amontonó a todos en el medio. Quedamos uno arriba del otro. Se acabó el guardiamarina, se acabó el suboficial; quedamos uno sentadito al lado del otro para darnos calor, porque si no nos despertábamos no nos íbamos a despertar jamás. Nos íbamos a morir. En el trayecto que hicimos hasta que oscureció intentamos pasar gente hacia las balsas que estaban más vacías. No se logró porque hacía mucho viento así que imposible acercarse. Después nos enteramos de la triste noticia de que las balsas en las que había cuatro o cinco tipos murieron de frío. Las que mejor venían, a pesar de que venían ocupadas eran las de cuarenta, treinta, que venían todos apretados. Nosotros éramos dieciocho así que veníamos peleándola. Veníamos bastante bien. Yo siempre recuerdo y le cuento a los chicos de las escuelas de que, a pesar de la tragedia, y de todo, y a pesar de la agitación que estábamos pasando, yo guardaba bastante optimismo. Quizá sería por mi juventud o porque no sabía lo que estábamos viviendo. Nosotros hacíamos pis en una jarrita. Éramos bastante ordenados en nuestra balsa. Vomitábamos en una jarrita y una jarrita para hacer pis. La manteníamos limpita, eso sí. Entonces cuando nos parábamos a tirar el orín afuera... Recuerdo que yo siempre que estaba los otros sentados abajo y yo me paraba con la jarrita y los otros "no, no". "Se me cae, se me cae", decía yo jodiendo. O sea que no tenía mucha idea de lo que me estaba pasando. En otras balsas, gente con más experiencia seguramente, el orín no lo tiraban. Se calentaban sus manos, se ponían en el cuerpo, en las piernas, para calentarse. Así pasó un día. El lunes pasó un avión, nos encuentran. Habíamos recorrido desde la parte que se hunde el Crucero hasta que nos encuentran, cien kilómetros. Así que en treinta y seis horas, no, menos, doce horas, digo veinticuatro horas, cien kilómetros. En balsas a la deriva es increíble, en las aguas heladas de la Antártida. Luego pasa el avión, la euforia lógica. Yo después tuve la oportunidad de conocer al tipo que va en el avión y me dice: "realmente, cuando aterricé en las balsas donde estaban ustedes, tuve que esquivar todas las bengalas que me tiraron porque casi me bajaron". Le tiramos bengalas, parecía una fiesta. Ahí nos dimos cuenta de que todas las balsas donde estábamos, se hallaban a un radio de doscientos metros. No nos veíamos, el mar estaba feísimo. Había momentos en que estábamos arriba y otras en que estábamos abajo y el agua la teníamos arriba. Vinimos bailando treinta y seis horas. Martes a las dos de la mañana nos levantaron y en ese barco empezamos a buscar a nuestros amigos, a ver quién estaba, quién no estaba. Nos encontramos con gente herida, otra que estaba muy grave. Y tomamos la realidad de lo que había sido. Dijimos "pucha, la pasamos mal". Volver a Ushuaia y seguir buscando gente amiga, gente de Pico. Éramos seis los veteranos de Pico. Volver a Bahía Blanca, encontrarse con los familiares, sobre todo de la gente que no aparecía. Del lado mío no había nadie, ni siquiera mi hermano. Recién al otro día apareció mi hermano y así dos días después en mi casa... Mi familia desesperada.... Hoy hablaba en el viaje porque no me acordaba realmente si había teléfono en el 82 y me dicen: "Sí, en el 82 había teléfono pero a lo mejor una llamada te tardaba dos horas". Por eso no llamé a mi familia desde la base y le dije "estoy bien", hasta el viernes a la noche que llegué. Y tengo realmente una anécdota muy risueña como muchas que me pasaron. Cuándo llego a (General) Pico iban todos mis amigos. Mis familiares iban el miércoles. No llegó nadie. Iban otros tripulantes del Crucero General Belgrano. Mi familia preguntó si me habían visto y le decían "Si lo vimos, si lo vimos", pero no podían decir nada más. Estaba toda la familia del resto así que... Fueron el jueves, llegaron otros tripulantes: "Sí, a Jorge lo vimos, quédense tranquilos que está bien". Entonces decían "si está bien por qué no viene". Entonces el viernes, como somos tan rápidos los argentinos para crear chusmeríos, se había dicho cualquier cosa: que me faltaban las piernas... Y llegó a oídos de mis padres. No faltó quién le dijo: "no lo esperes con mucha algarabía porque me parece que al flaco le faltan las piernas". Se armó un circo bárbaro. Llegó el colectivo a la terminal y el único que viajó de Bahía Blanca a la terminal fui yo y vine charlando con los choferes todo el viaje. Me bajé diez cuadras antes de la terminal. Así que imagínense cuando llegó el colectivo y estaban esperándome mis familiares. Maté a más de la mitad. Dónde está el flaco?. Entonces el chofer les dijo: "el flaco se bajó en la diecinueve porque tenía una desesperación por llegar a la casa de ustedes". Ahí fue el encuentro con mi familia. Recordar? Mi madre sí, mi viejo nunca me preguntó qué te pasó? Seguramente nunca lo pudo soportar. Es entendible, tenía dos hijos en el frente, así que nunca le pude contar. Falleció al año y medio de Malvinas y nunca le pude contar lo que me había pasado. Me quedé con ganas de ser amigo de mi viejo. Yo siempre le digo a los chicos de las escuelas: "ustedes tienen la oportunidad, si los tienen, sean amigos de sus viejos". Yo me quedé con las ganas de ser amigo de mi viejo. Eran otras épocas. Era más difícil ser amigo del viejo. Bueno, esa es un poquito la historia de mi vida. Es más larga pero creo que los chicos tienen también historias interesantes que contar. Después bueno, las preguntas que quieran. Pedro Oscar:- Bueno, yo soy el que menos habla así que no voy a hacer como Diego y Jorge. Más o menos yo voy a tratar de sintetizar lo que me pasó. Yo era conscripto en el 81. Me tocó Infantería de Marina, que en todo conflicto tiene la misión de hacer cabecera de playa para que después el ejército tome posición. Todo el tiempo que estuve incorporado la pasé casi en el sur. No sabía que me iba a tocar esto, pero los desembarcos se hacían igual porque eran una práctica normal. Fueron pasando los meses. La verdad que la instrucción en cuanto a Infantería de Marina era bastante buena. En menor medida, pero era la Infantería yanqui con menor equipo, significa que era lo mismo. Un poco menos de experiencia, pero algo parecido. La experiencia era buena, yo sacaba todo lo positivo. Puedo decir que todo lo que he sacado en cuanto a mi servicio militar era bueno. Yo no creo que el Servicio Militar era que aprendías cosas malas, al contrario. Ni pensar. Era al contrario otra disciplina la Infantería de Marina. Era otra disciplina. Quizá yo fui pensando que el conflicto lo iba a tener con los chilenos. No se si habrá... no sé porqué. Yo tuve un primo que en el 78 estuvo en el conflicto y yo pensé que en el 82 me tocaba a mí. Cuando volvíamos del sur una de las primeras cosas que hacía un colimba era ir a la cantina y tomar lo que se podía. En ese momento, cuando llegamos, nos enteramos que teníamos un conflicto con los ingleses. Eso fue el 27 o 28 de marzo aproximadamente, por lo tanto pensamos: "uy, tenemos que ir con los ingleses". Esa noche, a las cuatro de la mañana, alistamiento general. Se produce el alistamiento, era normal que se hiciera todas las noches, a las 12 de la noche, pero bueno, era un alistamiento más. Pero no, ese alistamiento era derecho al puerto. Fue un domingo a la tarde que nos embarcamos. La travesía duró hasta el viernes. Más o menos cuatro días, cinco días. O sea que nos cruzamos con un buque, que era el buque que tenían en esos días que era el Endurance, era famoso. Por eso anduvimos dando vueltas varios días, por el mismo lugar. Por eso es que la travesía duró más. Nos agarró una tormenta que no sabíamos... Yo por lo menos no sabía por donde meterme. Creo que debe haber sido lo tormenta más difícil. Después de una semana de la tormenta, a la noche el comandante del buque nos avisa que llegó la hora de desembarcar. Bueno, desde el momento que salimos, nosotros sabíamos adonde íbamos y que teníamos que hacer. Faltaba saber si hoy, mañana o pasado.Y llegó la noche esa en que nos dijeron: "a las cuatro vamos a desembarcar". Así que muertos como estábamos con semejante tormenta, bueno, nos dieron las municiones, cuando nos dieron las municiones, se tomó conciencia de lo que iba a pasar. Generalmente los demás ejercicios se hacían sin municiones, todo fogueo. Ya cuando nos dieron las municiones dijimos: "esto no da pa(ra) más así que se produce el desembarco sí o sí". El comandante nos habla, nos dice que va a pasar, que vamos a hacer y todo eso. Que a la mañana iba a ser el desembarco. A las cuatro de la mañana nos levantamos. Nos levantamos es una forma de decir porque ya estábamos levantados y ya estábamos sobre los vehículos anfibios que son los que nos van a desembarcar en Puerto Argentino. Nosotros no teníamos ni idea, o yo por lo menos, de lo que era Malvinas y de lo que nos íbamos a encontrar. Supuestamente me imaginaba que era una isla, pero más que eso no. Imagínense cuatro o cinco de la mañana, a oscura, lloviendo, y en un lugar que no conocíamos. Y aparte el recibimiento que teníamos en la playa, así que bueno. Buscar un lugar donde escondernos. Se calcula que la Infantería de Marina, las tres primeras oleadas, generalmente quedan en la playa para que las dos próximas lleguen y tomen. Es muy posible. Nosotros era una sola así que no teníamos opciones. Si bien teníamos apoyo. Había dos corbetas que dentro de todo, silenciaban las ametralladoras más grandes que tenían en las islas. Pero igual, aparte de la dotación que teníamos, estaban ellos esperando el desembarco nuestro. Bueno, llegó el momento de combatir, no había otra. El problema es que nosotros no veíamos nada. Tirados en la playa y solo se veían las balas trazantes y nada más. Ahí contestamo


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